
La obesidad se caracteriza por un aumento en la grasa corporal, ya sea porque ingerimos más calorías de las que necesitamos o por una reducción en el gasto de la energía acumulada. Puede ser causa de algunas enfermedades, como la diabetes, el aumento del colesterol y los triglicéridos y, en general, problemas cardiovasculares.
Para bajar de peso, lo fundamental es seguir una dieta baja en grasas, disminuir la ingesta de azúcares, beber muchos líquidos –agua, principalmente- e incrementar la actividad física.
Se recomiendan dietas de entre 800 y 2000 Kcal/día, según el peso y el grado de obesidad de la persona.
No se trata de bajar rápido, sino de hacerlo de manera que ese peso perdido no se vuelva a recuperar, para ello hemos de reeducar a nuestro cuerpo con nuevos hábitos:
- Consumir tres veces al día productos lácteos desnatados.
- Dos platos de verdura y tres piezas de fruta, para aumentar la fibra de la ingesta.
- Cocinar la carne quitándole previamente toda la grasa sobrante
- Utilizar técnicas como el hervido, horno, papillote o al vapor.
- Aumentar el consumo de pescado.
- Reducir la sal.
- Endulzar con edulcorantes como la sacarina o el aspartamo.
- No beber alcohol.
- Intentar comer siempre a la misma hora y masticar lentamente, sin distracciones.
- No picar entre horas.
- Condimentar con ajo, perejil, cebolla, apio, y especias para conseguir un mejor sabor en los platos.
- Usar como única fuente de grasa los aceites de oliva o de girasol, en cantidades muy moderadas.
Si no fuese suficiente con la dieta y el ejercicio, podemos complementar la dieta con la toma de productos a base de diuréticos-drenantes, laxantes, saciantes, anticelulíticos o portadoras de fibra.
Clara Mª Blanco Pérez
Farmacéutica adjunta